Lo que el final de la vida puede enseñarnos sobre cómo vivir
Cinco reflexiones que nacen cuando el tiempo comienza a mirarse de otra manera

Hay conversaciones que cambian cuando sabemos que el tiempo puede ser limitado.
En el acompañamiento a personas que viven una enfermedad avanzada o se encuentran cerca del final de la vida, muchas cosas que antes parecían urgentes empiezan a ocupar otro lugar. Aparecen los afectos, las decisiones tomadas, las personas que estuvieron, las que se alejaron, aquello que se dijo y también lo que quedó pendiente.
No sucede de la misma manera para todos. Cada persona llega a esta etapa con su propia historia, sus circunstancias, sus pérdidas, sus vínculos y su manera particular de comprender la vida.
Pero escuchar a quienes se encuentran al final del camino puede enseñarnos algo a quienes todavía lo estamos recorriendo.
La autora australiana Bronnie Ware acompañó durante años a personas en sus últimas semanas de vida. A partir de esa experiencia escribió sobre cinco temas que aparecían con frecuencia en sus conversaciones: vivir de acuerdo con uno mismo, dedicar menos espacio al trabajo, expresar los sentimientos, conservar las amistades y permitirse ser más feliz.
No son una fórmula ni una lista de lo que todos deberíamos hacer. Tampoco significan que todas las personas lleguen al final de su vida arrepentidas.
Son, más bien, una invitación a preguntarnos qué estamos haciendo hoy con la vida que tenemos.
Vivir una vida que también se parezca a nosotros
A lo largo de los años vamos asumiendo responsabilidades.
Somos hijos, padres, parejas, profesionales, cuidadores. Respondemos a las necesidades de otros, a compromisos económicos, familiares y sociales. Muchas de esas decisiones nacen del amor y de la responsabilidad.
Pero a veces, casi sin darnos cuenta, podemos ir dejando para después aquello que también era importante para nosotros.
Un deseo.
Una decisión.
Una forma diferente de vivir.
Algo que queríamos intentar y nunca encontramos el momento de hacer.
Mirar nuestra vida con honestidad no significa abandonar responsabilidades ni pensar solamente en nosotros. Puede significar algo mucho más sencillo: preguntarnos si seguimos reconociéndonos en la vida que estamos construyendo.
¿Hay algo importante para mí que llevo demasiado tiempo dejando para después?
Tal vez no sea posible cambiarlo todo. Pero quizá sí podamos comenzar por algo pequeño.
El tiempo que damos también es una forma de amar
Trabajar forma parte de la vida. Para muchas personas representa sustento, identidad, realización y la posibilidad de cuidar a quienes aman.
Por eso no se trata de decir que hemos trabajado demasiado o que deberíamos haber hecho otra cosa.
La pregunta es distinta:
¿A quién estoy dejando para después porque pienso que siempre habrá tiempo?
Una de las cosas que la enfermedad puede modificar profundamente es nuestra percepción del tiempo.
Entonces una comida compartida, una llamada, una conversación tranquila o simplemente sentarse al lado de alguien pueden adquirir un valor que antes no habíamos advertido.
No siempre hacen falta grandes acontecimientos para construir una vida significativa.
Muchas veces son esos momentos cotidianos los que permanecen.
Hay palabras que merecen ser dichas
Hay personas que pasan años queriendo decir algo.
“Gracias.”
“Te quiero.”
“Esto me dolió.”
“Necesito que me escuches.”
“Perdóname.”
“No puedo seguir haciendo esto.”
“Necesito poner un límite.”
No todas las conversaciones son fáciles. Algunas nos producen miedo porque desconocemos cuál será la respuesta del otro. Otras se postergan porque creemos que callar evita el conflicto.
Pero el silencio también puede pesar.
Acompañar a alguien no significa obligarlo a hablar. Tampoco significa que todas las historias tengan que terminar en reconciliación.
Hay relaciones en las que la distancia ha sido necesaria. Hay heridas que no pueden resolverse con una conversación y existen personas que no desean retomar determinados vínculos.
Eso también debe respetarse.
Lo importante es que, cuando una persona necesita expresar algo, pueda encontrar un espacio seguro para hacerlo.
¿Hay alguna palabra importante que todavía quisiera decir?
Algunas personas forman parte de nuestra historia aunque pase el tiempo
La vida nos separa.

Cambian las ciudades, los trabajos, las familias y las circunstancias. Personas que fueron importantes pueden ir quedando lejos sin que exista necesariamente un conflicto.
Simplemente pasó el tiempo.
Y un día recordamos aquella amistad con la que compartimos una etapa importante de nuestra vida.
Quizá no sea necesario recuperar todos los vínculos del pasado. Algunos terminaron porque tenían que terminar.
Pero otros pueden seguir teniendo significado.
A veces basta un mensaje:
Hoy me acordé de ti.
No sabemos qué conversación puede comenzar después.
La alegría también puede existir en medio de momentos difíciles
Hay una idea que merece especial cuidado: nadie tiene la obligación de ser feliz.
Cuando una persona vive una enfermedad, una pérdida o una situación dolorosa, decirle que debe “elegir ser feliz” puede convertirse en otra carga.
El sufrimiento existe.
El miedo existe.
La incertidumbre existe.
Y necesitan ser reconocidos.
Pero también hemos aprendido que emociones aparentemente contradictorias pueden convivir.
Una persona puede estar triste y disfrutar una visita.
Puede tener miedo y reírse de un recuerdo.
Puede extrañar profundamente a alguien y, al mismo tiempo, agradecer haber compartido la vida con esa persona.
Puede llorar y unos minutos después sonreír.
No tenemos que elegir entre una emoción y otra.
Somos capaces de sentir muchas cosas al mismo tiempo.
Quizá por eso, incluso en circunstancias difíciles, siguen apareciendo pequeños momentos que sostienen: una mano, una canción, una conversación, una ventana abierta, una comida conocida, una persona que llega y se queda.
A veces la vida también está ahí.
No necesitamos llegar al final con una vida perfecta
Hablar de los arrepentimientos al final de la vida puede tener un riesgo: hacernos pensar que deberíamos llegar a ese momento con todos nuestros asuntos resueltos.
Como si hubiera una manera correcta de morir.
No la hay.
Una vida contiene decisiones acertadas y equivocadas, encuentros y despedidas, oportunidades y circunstancias que nunca estuvieron bajo nuestro control.
Hicimos muchas cosas con los recursos, la información y las posibilidades que teníamos en ese momento.
Por eso, acompañar al final de la vida no consiste en revisar una lista de pendientes ni en pedirle a una persona que encuentre una enseñanza en todo lo que le ocurrió.
Hay veces en que una persona quiere hablar durante horas.
Otras en las que quiere recordar.
Algunas necesitan expresar miedo o enojo.
Y otras simplemente quieren descansar, escuchar música, hablar de cualquier cosa o permanecer en silencio.
También el silencio puede ser una forma de acompañamiento.
En Fundación Hai Tümü I.A.P. hemos aprendido que acompañar comienza precisamente ahí: reconociendo que delante de nosotros no hay solamente una enfermedad, un diagnóstico o una pérdida.
Hay una persona.
Una persona con una historia que merece ser escuchada y respetada.
Nuestro trabajo no consiste en decirle cómo debería sentirse ni en encontrar respuestas para todo.
A veces acompañar significa escuchar.
Otras veces significa sostener una conversación difícil.
Y muchas veces significa algo aparentemente sencillo: estar presentes.
Tal vez no tengamos que esperar
La experiencia de quienes se encuentran al final de la vida puede dejarnos una pregunta a quienes todavía tenemos tiempo por delante.
No para vivir con miedo a arrepentirnos.
No para hacer una lista de todo lo que hemos hecho mal.
Sino para mirar nuestra vida con un poco más de atención.
Tal vez exista alguien a quien queremos llamar.
Una conversación que hemos postergado.
Un límite que necesitamos poner.
Una amistad que queremos recuperar.
Un sueño que merece volver a ser considerado.
O quizá descubramos que lo verdaderamente importante ya está aquí y solamente necesitamos prestarle más atención.
Por eso hoy queremos dejarte una sola pregunta:
Si supieras que el tiempo es más valioso de lo que a veces recuerdas, ¿a qué persona, relación o parte de tu vida elegirías darle un poco más de tu presencia?
No es necesario responder de inmediato.
Hay preguntas que necesitan acompañarnos un tiempo.
Fundación Hai Tümü I.A.P.
Acompañamos a personas y familias ante la enfermedad, el final de la vida y el duelo.
Porque en los momentos más difíciles, la presencia humana también importa.
Fuente consultada: Ware, B. (2012, 23 de febrero). Los cinco principales arrepentimientos de los moribundos. DailyGood.Leer el artículo original de Bronnie Ware en DailyGood





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